Consecuencias de la ola de frío española

 

Desde el 17 de enero hasta casi el 20 del mismo mes se vivió en España una ola de frío como llevábamos algún tiempo sin resistir por la Península, en pocos días casi en su totalidad el país se vistió de blanco y algunas regiones quedaron literalmente sepultadas bajo la nieve, haciendo descender las temperaturas a niveles gélidos, generando que cientos de actividades tuvieran que ser suspendidas por el paso de este fenómeno.

Si bien desde hacía dos años no se vivía en España un fenómeno de esta índole y es poco factible que se repita durante esta estación, no es una condición climática tan aislada como se podría llegar a pensar, tampoco es la más intensa que se ha dado, sino que por el contrario en comparativa de promedios no fue tan intensa como ha sucedido en otros momentos de la historia y de los cuales hay registro en el archivo de AEMET (Agencia Estatal de Meteorología).

La definición de ola de frío es bien subjetiva, no hay con claridad más que la interpretación que se hace desde AEMET en donde señalan que: «episodio de al menos tres días consecutivos, en que como mínimo el 10% de las estaciones consideradas registran mínimas por debajo del percentil del 5% de su serie de temperaturas mínimas diarias de los meses de enero y febrero del periodo 1971-2000».

En realidad un ola de frío, según esta definición está determinada por su comparativa con las temperaturas mínimas promedio de una región, así como también con la duración de este descenso, dos elementos fundamentales para determinar si realmente hay una ola de frío, aunque muchas veces los medios de comunicación exageran con este tipo de definiciones para agregarle impacto a lo que comunican. El concepto indica mínimo tres días de temperaturas inferiores al promedio de una región, eso simplemente constituye conceptualmente una ola de frío.

En España se vivieron algunos episodios comunes por separado, pero no tanto al mismo tiempo, que determinaron además del impacto de las bajas temperaturas, las dimensiones geográficas de este fenómeno, expandiéndose por casi todas las regiones. La ola de frío se dio en consecuencia de la entrada de una masa de aire seco y frío con procedencia continental, el cual es consecuencia de las altas presiones del interior del Viejo Continente y las bajas presiones en el Mediterráneo.

Los expertos han monitoreado algunos elementos adicionales a los convencionales que hemos señalado en la definición, dentro de los cuales se destaca la anomalía de la propia ola, las temperaturas mínimas alcanzadas en todas las regiones afectadas, y la duración del episodio, de esta manera AEMET ha podido generar un archivo eficiente para futuros fenómenos climatológicos de estas características.

Este fenómeno ha generado que el día más frío del año se haya percibido con la claridad del caso, haciendo que por ejemplo en los Pirineos y el Sistema Ibérico se produjeran mínimas inferiores a los -10 grados e incluso en algunas regiones superaron los – 15 grados, así como también en gran parte de España las máximas no superaron los 5 grados, siendo valores mucho más extremos de los que estamos acostumbrados en el territorio peninsular.

Las nevadas fueron mucho más intensas de lo que hasta el momento se estaba viviendo, incluso se presenciaron este tipo de precipitaciones en lugares que desde 95 no vivían nevadas. La cota de nieve llegó a niveles considerablemente bajos en altitud, incluso días después siguen manteniéndose temperaturas considerablemente más bajas de los promedios habituales.

Los valores meteorológicos que se han vivido en las últimas semanas, durante la ola de frío, han podido determinar que no se vivió el peor episodio en su especie desde que se tiene registro de los mismos, esto ha sido investigado por el Servicio de Banco Nacional de Datos Climatológicos en donde han estudiado las olas de frío vividas desde 1975, destacando que las peores olas de frío vividas en España se dieron en el invierno de 1980-1981 y en la misma época pero de la temporada 1975-1976 teniendo una duración de 31 y 22 días respectivamente.

Tampoco estamos cerca de vivir el invierno más frío de la historia, el cual señalan los archivos que se produjo entre 1944-1945 con temperaturas mínimas record de más de 20% menos de los promedios habituales en todo el territorio español.

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